Originalmente publicado en El Vocero el 14 de marzo

Hay momentos que logran resumir, en un solo gesto, la complejidad de un País entero. Eso me ocurrió hace un mes al ver a Benito Antonio Martínez Ocasio, “Bad Bunny”, en el Super Bowl 60. Su presentación fue un acto de afirmación colectiva. Desde ese escenario, un puertorriqueño, caribeño y latinoamericano proyectó al mundo nuestra identidad sin suavizarla, sin pedir permiso y con la fuerza de nuestras raíces.

En ese instante entendí que la cultura, expresada con autenticidad, puede ser un poderoso recordatorio de quiénes somos y de la urgencia de atender nuestras realidades sociales.

Y la realidad es dura. En 2026, Puerto Rico continúa enfrentando niveles de pobreza increíbles.

El 57.9% de la población vive bajo el nivel de pobreza, y entre los menores de 18 años la cifra asciende a 54.3%. En municipios como Loíza o Maricao, más del 60% de las familias con niños viven en pobreza. Estas cifras no son simples indicadores; reflejan vidas limitadas por la falta de oportunidades, comunidades que luchan por sostenerse y generaciones que crecen con menos de lo que merecen.

Como director ejecutivo del Instituto Socioeconómico Comunitario (INSEC), he visto cómo estas estadísticas se traducen en historias reales. Familias sin acceso a empleo estable por falta de transporte.

Madres que enfrentan procesos de posparto sin apoyo. Jóvenes talentosos que abandonan sus estudios. Comunidades enteras en viviendas inseguras. La pobreza en Puerto Rico no es un fenómeno aislado; es un entramado de barreras que se fortalecen entre sí.

Sin embargo, contamos con iniciativas concretas para combatir la pobreza infantil 2024-2032. Una de ellas busca atender la barrera de transportación mediante una tarjeta de movilidad para familias sin vehículo. Esta herramienta, probada en otras jurisdicciones, puede abrir puertas al empleo y la educación.

Otra iniciativa clave son los navegadores de vivienda, que simplifican el acceso a rehabilitación, asistencia de renta o apoyo de emergencia. En un sistema fragmentado, el acompañamiento especializado puede marcar la diferencia entre la estabilidad y la precariedad.

También está la expansión de programas 2Gen, que atienden simultáneamente a niños y adultos en una misma familia, combinando educación, empleo y desarrollo social.

Este enfoque reconoce que la movilidad económica ocurre cuando toda la familia avanza unida. Estas iniciativas no son aspiraciones abstractas; son proyectos diseñados y adaptados a nuestra realidad. Lo que falta no es creatividad, sino voluntad y decisión colectiva.

Aquí el tercer sector tiene un rol insustituible. Las organizaciones sin fines de lucro conocemos el terreno, las dinámicas locales y las barreras invisibles. INSEC, con más de cuatro décadas en comunidades vulnerables, es testigo de que cuando se invierte en capital humano y redes comunitarias, los resultados llegan.

Por eso la presentación de Benito resonó tanto. Fue profundamente humano. Su mensaje de unidad y amor fue honesto, un recordatorio de que la identidad es fuerza y la visibilidad importa. En un País donde la pobreza infantil se ha normalizado, necesitamos símbolos que nos unan y acciones que nos transformen.

Entendí a Benito cuando comprendí que su mensaje no era solo celebración, sino invitación. Invitación a mirarnos sin miedo, a reconocernos en nuestras luchas y a creer que otro Puerto Rico es posible.

Hoy tenemos los datos, las iniciativas y el talento. Lo que nos toca es actuar con la misma valentía con la que Benito se paró frente al mundo: sin complejos, con orgullo y con la convicción de que merecemos más.